Un grupo de niños sentados en el campo, de espaldas, escuchando a un monitor al atardecer, con el olivar y la llanura de Toledo al fondo.

Hay cosas que forman parte de Layos aunque nunca las hayamos contado.

Layos nació para hacer campamentos.

Desde 1985, nuestra vida consiste en algo tan sencillo de explicar como difícil de hacer bien: cuidar de niños y jóvenes las 24 horas del día y conseguir que convivan, disfruten, aprendan y se sientan parte del grupo.

Eso significa mucho más que organizar actividades.

Significa acompañar a un niño cuando está lejos de casa. Ayudarle a relacionarse con otros. Darle responsabilidades. Enseñarle a desenvolverse. Estar pendiente cuando algo no va bien. Y conseguir que niños muy diferentes compartan habitación, mesa, juegos, excursiones y vida durante unos días.

Después de más de 40 años haciéndolo, hemos aprendido que un campamento puede ser también una herramienta de integración, educación y crecimiento.

Y eso nos ha llevado, casi siempre de manera natural y muchas veces sin contarlo, a hacer otras cosas.

Un campamento en el que intentamos que haya sitio para todos

Cada verano vienen a Layos niños con circunstancias y necesidades muy diferentes.

Hemos recibido a niños y jóvenes que necesitaban mucho más apoyo del habitual, y cada caso ha sido distinto.

No podemos hacerlo en todos los casos ni queremos prometer algo que no podamos cumplir bien.

Pero cuando las necesidades del niño son compatibles con nuestros recursos y podemos cuidar de él como se merece, intentamos que pueda venir.

Tenemos la suerte de contar con instalaciones, medios y, sobre todo, un equipo humano que nos permite estudiar cada situación individualmente.

Porque cuando es posible hacerlo bien, creemos que las diferencias no deberían ser necesariamente una barrera para vivir un campamento.

Lo que pasa alrededor también nos importa

Con los años hemos ido poniendo nuestros recursos, nuestro equipo y nuestra comunidad al servicio de proyectos que tenían sentido para nosotros.

Durante más de cinco años impulsamos nuestros propios programas de voluntariado en Sapa, Vietnam, trabajando con comunidades de la etnia Hmong.

Hemos colaborado con Fundación Soñar Despierto, facilitando becas para que niños vinculados a la fundación pudieran venir de campamento.

También hemos intentado llevar esa responsabilidad a decisiones mucho más cotidianas. Por ejemplo, colaborando con Hemper en materiales textiles más responsables para nuestros uniformes.

Y algunas de las acciones que más nos gustan suceden muy cerca de casa.

Hemos realizado con colegios actividades de recogida de basuraleza y sensibilización medioambiental en el embalse de Guajaraz, un entorno que forma parte de nuestra vida diaria y que necesita que aprendamos a cuidarlo.

Durante el verano también colaboramos con la residencia de mayores de Layos, llevando hasta allí algunos de los espectáculos, teatros y actividades preparados por los propios niños.

Son encuentros sencillos, pero probablemente por eso tienen tanto sentido: niños y mayores compartiendo un rato, un escenario y muchas risas.

También queremos ayudar a quienes empiezan

Creemos que trabajar con niños puede ser una extraordinaria escuela de responsabilidad.

Por eso ayudamos a jóvenes de Layos y Argés que quieren realizar el curso oficial de monitor de tiempo libre, becando el 50 % de su precio —1.550 € en catálogo— cuando las circunstancias lo justifican.

Es una manera de devolver algo al entorno del que formamos parte y, al mismo tiempo, ayudar a formar a una nueva generación de monitores.

El curso es a partir de 16 años; si quien lo hace no ha cumplido 18, la inscripción la autoriza quien tenga su patria potestad o tutela. La beca se aplica sobre el precio del curso y no cubre transporte ni extras. Cada beca se estudia caso a caso y no constituye una oferta abierta al público.

Y queremos ir un poco más allá.

Estamos desarrollando una línea de apoyo a jóvenes deportistas con especial proyección que, en determinados momentos de su carrera, puedan necesitar un pequeño impulso económico o material para seguir avanzando.

No pretendemos convertirnos en una gran estructura de patrocinio.

Precisamente queremos que sea algo cercano: conocer cada historia, estudiar cada caso y ayudar allí donde una aportación de Layos pueda marcar una diferencia real.

Lo siguiente

Llevar un poco de Layos a la vida cotidiana

Hay otra idea en la que llevamos tiempo pensando.

Durante un campamento vemos algo que los padres conocen perfectamente: muchas veces un niño no necesita otra clase particular ni otra actividad dirigida.

Necesita alguien un poco mayor que él que le escuche, le acompañe y le ayude a organizarse.

Por eso estamos trabajando en una idea nueva, basada en nuestros propios monitores.

La idea es que algunos monitores de Layos puedan convertirse durante el curso en una especie de hermano o hermana mayor para niños y adolescentes que lo necesiten.

Un rato cada semana para ayudarles a organizar su tiempo, plantearse objetivos, encontrar alternativas de ocio, hablar de las cosas que les preocupan, ganar autonomía o, sencillamente, tener cerca a un referente joven con el que conecten.

No queremos sustituir a padres, profesores ni a ningún profesional.

Queremos hacer aquello que sabemos hacer.

Acompañar.

Y queremos que, cuando este proyecto esté preparado, existan también ayudas para las familias que lo necesiten y no puedan asumir su coste.

Todavía estamos trabajando en ello y preferimos hacerlo bien antes de ponerle una fecha.

Todavía no es un servicio: no se puede contratar, no tiene fecha y no tiene precio.

Desde 1985

Esto también es Layos

Durante muchos años hemos hecho muchas de estas cosas sin pensar demasiado en cómo llamarlas.

Quizá tampoco haga falta ponerles una etiqueta.

Son simplemente consecuencia de llevar más de cuatro décadas trabajando con niños, jóvenes, familias, monitores y con el entorno que nos rodea.

Ahora queremos ordenarlas, darles continuidad y abrir la puerta a otras nuevas.

Porque después de tantos años hemos aprendido algo:

Layos puede hacer mucho más que campamentos.

Y queremos hacerlo sin dejar de ser Layos.