Campamentos de día frente a campamentos tradicionales

Cuando nos planteamos enviar a nuestros hijos a un campamento de verano, tenemos dos opciones: llevarlos a uno de día, o bien a otro en el que pernoctan.

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿qué buscamos en un campamento? Si la respuesta es entretener a los niños durante nuestro horario de trabajo sin renunciar a su compañía, la primera opción es la correcta.  Pero si lo que queremos es ir un poco más allá y encontrar algo que además les enriquezca personalmente, elige el que los separe de vosotros por unos días.

Más allá de las actividades y la diversión que estos centros procuran, el estar lejos de casa y tener que desenvolverse solos, es uno de los aprendizajes más útiles para su desarrollo personal.

En Layos, llevamos más de 30 años organizando campamentos de verano y para colegios. Conocemos bien el vínculo que nuestros campers crean entre sí por el hecho de compartir unos días de aventuras en un entorno distinto. 

Las actividades de la jornada les empujan a afrontar retos, estimulan su agudeza, les enseñan a trabajar en grupo, a apreciar las habilidades del compañero, a crear estrategias conjuntas y a certificar que perder en un juego es más llevadero cuando no se está solo, y que quedan días por delante para superarse.

Pasar unos días fuera de casa en compañía de niños y niñas, en muchos casos, desconocidos, amplía sus horizontes, les hace más tolerantes, más abiertos y más sociables.  El encuentro de un/a nuevo/a amigo/a que no pertenece a su entorno habitual es el tesoro inesperado que van a descubrir en el campamento.

Situaros con nosotros en la escena: hemos pasado un día agotador, lleno de actividades, juegos, risas, carreras y pruebas. Llega el ansiado momento de la ducha, el descanso, la reunión con el/la monitor/a para comentar las anécdotas del día, para no hacer nada, para acicalarse un poco antes de la cena. Con la caída del sol, el campamento cambia su fisonomía, se apacigua, se transforma en una familia numerosa, acogedora y alegre. Las cenas se convierten en el último reducto del bullicio y la noche se presenta de improviso precedida por una última actividad tranquila que invita al descanso.

En un campamento de varios días, los niños descubren habilidades que desconocían y nosotros nos encontramos con improvisados actores, con narradores fantásticos, con hábiles estrategas, con excelentes artistas, con deportistas natos, con observadores pacientes…y con  toda la gama de actitudes ante la vida a la hora de afrontar y superar los retos.

En un ambiente diferente y sin la complicidad o el apoyo de los padres, los/las chicos/as tienen que hacer uso de sus habilidades y apoyarse en los compañeros para salir airosos de todas las pruebas. Aprenden a gestionar sus emociones, a tomar decisiones y a responsabilizarse de sí mismos y de su equipo sin darse cuenta. Asimilan, sin advertirlo, la máxima de Marco Aurelio: “aquello que no es bueno para la colmena, no puede ser bueno para las abejas”. En resumen, maduran. Además, en la consecución de las pequeñas tareas diarias del Camp, como hacerse la cama por las mañanas, les ayudamos a adquirir buenos hábitos y a desarrollar la disciplina, herramientas clave para lograr sus objetivos el día de mañana.

Si vuestro propósito es que vuestros/as hijos/as se diviertan a la vez que aprenden a ser autónomos, apúntalos a Layos Camp donde el interés de todo nuestro equipo, desde los monitores hasta el personal técnico y administrativo, está puesto en avivar y fomentar estas virtudes tan necesarias para su desarrollo como seres humanos.

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